miércoles, enero 05, 2011

¡¡Prohibido Hablar en los Ascensores!!

De verdad creo que debería haber un cartel adentro de los ascensores que diga: “Prohibido Hablar”. ¿Por qué? Simplemente porque me da vergüenza ajena escuchar cualquier conversación que se produzca ahí adentro. Cualquier persona, tono de voz o tema queda siempre desvirtuado de su propia naturaleza, quedan fuera de contexto.

No sé cómo explicarlo, pero lo intentaré a través de ejemplos. Las chillonas parecieran tener un tono de voz más estridente aún. Los roncos se escuchan más graves. Los temas que pretenden ser “intelectuales” se escuchan como un huevón haciéndose el inteligente delante de los demás… así que queda como tonto. Los que hablan tonteras, quedan como lo que son sin remedio: tontos. Las risas rebotan; los estornudos dan asco (de sólo pensar que podría saltar un escupo a mi pelo, a mi cara, a mi ropa…); las palabras me dan lata, porque de verdad no me interesa enterarme de nada de los desconocidos que van a mi lado. Los ascensores son simplemente un medio de transporte de corta duración, y por lo tanto no es necesario aclarar la vida ni el futuro en diez segundos delante de gente que no conoces.
La situación es más grave cuando me hablan. ¡¡Ah, no!!, todo mal. Alguien haciéndose el simpático, el divertido, el ignorante. ¡Qué agote! Por eso, siempre me ubico adelante, sin mirar a nadie (además porque atrás me ahogo).
Para mi mala suerte, a mi marido le pasa justamente lo contrario: le da vergüenza el incómodo silencio que se produce en los ascensores… por lo tanto, cada vez que nos subimos juntos a uno, él me habla, tararea alguna canción inventada o hace algún tipo de “ruidito”, y a mí me dan ganas de salir corriendo, porque el “pecador” es mi propio marido. Yo le clavo los ojos, con cara de “eso mismo me lo puedes decir en diez segundos más, cuando nos bajemos”.
No puedo terminar este post sin mencionar el comentario más ridículo que he escuchado en un ascensor, dicho por mi propio esposo (de hecho, recién lo llamé para pedirle permiso para publicarlo). Este es un ejemplo claro de que en los ascensores uno siempre, necesariamente, diga lo que diga, suena a huevada. Cuando nos casamos, vivíamos en un edificio. Al llegar a la casa de la oficina, nos subimos al ascensor en el subterráneo. Paramos en el piso uno para que se subiera un señor. Nos saludamos amablemente (única conducta permitida, además de la despedida), y Rodrigo le pregunta al hombre a qué piso va, para apretar el botón. El señor le dice: “voy al ocho”. Y Rodrigo hizo lo que nunca debió haber hecho: miró su reloj, que marcaba las ocho de la noche, y dice triunfante: “ah!, al ocho a las ocho”. Yo no pude contener el ataque de risa. Llegué a llorar de la risa. Era un comentario demasiado estúpido. Ni siquiera chistoso. El hombre lo miró con cara de “super buena tu talla”. Yo rogaba llegar rápido a mi destino, para perderme en el infinito.
Insisto, mejor no hablar en los ascensores. Esta misma regla debiera aplicar para el metro, micro o cualquier transporte o espacio público.

viernes, diciembre 24, 2010

El Amigo Secreto

Shame on me, por no escribir hace tantos meses...

Pero hoy es un día especial para escribir... y no porque estemos a horas de celebrar Navidad, sino porque esta época me trae recuerdos de la tontera del "amigo secreto". Jugarlo es divertido, cuando lo haces con tus amigos o familiares como una cuestión voluntaria, cuando TODOS quieren participar. Pero la estupidez "obligatoria" de hacerlo en las oficinas con gente que a veces apenas ubicas, es insufrible.

Durante los doce años que trabajé en Transbank me tuve que someter a la tortura. Cuando llegaban las secretarias con los papelitos para sacar el nombre de "tu elegido" yo empezaba a sufrir. Recuerdo que algunas veces devolvía el papel, de sólo pensar en la lata de comprar un regalo para un NN. El castigo seguía cada vez que pensaba en que el "día D" se acercaba, y que tendría que abrir mi regalo delante de todo el mundo...

El amigo secreto se hacía en la sala de Directorio, que tenía una mesa larga y eterna, donde uno era obligado a mostrar el regalo y darle las gracias al huevón o huevona invisible que te lo compró. Y casi siempre tenía la mala suerte que me daban un regalo feo o inútil... entonces me daba pánico que, al dar las gracias, se notara mi cara de culo. Nunca entendía por qué recibía cosas tan raras o desubicadas. Mejor no las nombraré, por temor a que esa persona lea este post y descubra mi rabia.

El peor año fue el primero, cuando me dieron un regalo bonito (una vela en un macetero, que obviamente estaba envuelta, así que no tenía cómo saber qué era). Tomé el regalo en el aire para abrirlo delante del público... y con el peso del macetero, se rompió el papel por debajo, el macetero se cayó y se hizo mierda. Ahí quedó, destruido en mil pedazos delante de todo el mundo. Y todos dijeron: "OOOOOOOOOOHHHHHHHHHH", y yo me sentía podrida. Aunque pedí miles de disculpas, me sentía pésimo. Y gracias a este "hito" quedé marcada de por vida. Entonces, desde ese año, cada vez que se realizó la "ceremonia del amigo secreto", siempre había un huevón que se acordaba y decía "oye, si no te gusta, no rompas el regalo como la otra vez". Luego, todos se reían con "la talla", con "el shiste". Y después, venía la versión oficial, larga y con detalles, para explicarle al tonto nuevo recién contratado en la empresa, que se había perdido "mi hazaña" del año anterior. Encuentro que esta triste historia es casi como para generar un trauma.

Yo siempre me preocupo de dar regalos que tengan que ver con la persona, con sus gustos, intereses y personalidad, entonces me cuesta hacerme la idea de que alguien compre regalos ñoños. Por ejemplo, ¿le darías a un golfista de regalo una pelota de fútbol? La respuesta es no, porque al huevón le entretiene más pegarle a la pelota chica con un palo que a la pelota grande con la pata. Y punto. Es básico, obvio y evidente.

Ahora que no trabajo, no tengo que pasar por este sufrimiento, y juego con mi grupo de amigas de manera voluntaria, divertida y entretenida (aunque debo admitir que mandé un mail con directrices básicas de qué comprar y cuánto gastar, para no pasar malos ratos). Hace algunos días mi marido llegó contando que tenía que comprar el regalo de su amigo secreto de la oficina, y me dio dolor de guata acordarme... de repente vino un flashback a mi memoria con todos esos recuerdos. Mis hijos fueron más prácticos: "papá, ¿a tu edad juegan a eso?". Lo encontraron patético y se rieron mucho... además de decir otras tantas cosas que prefiero no dejar por escrito.

sábado, abril 10, 2010

Adictos al Sexo

Me da risa la cantidad de tonteras que inventan. En este caso, me refiero a la tontera de las enfermedades inventadas. ¿En qué minuto de la vida apareció la enfermedad "adicto al sexo"? ¡Qué estupidez más grande! ¡Qué ridículo! La primera vez que lo escuché fue hace muchos años, cuando el pobre Michael Douglas fue diagnosticado con esta terrible enfermedad. Qué duro debe haber sido internarse, para sacar al diablo del cuerpo. ¡Atrás, Satanás!

Después el tema pasó de moda, pero ahora Tiger Woods lo hizo noticia otra vez. Poor Tiger! También tuvo que internarse. Y no dejo de imaginar en qué consiste "la sanación". ¿Vas a sesiones tipo Alcohólicos Anónimos y confiesas delante de todos: "sí, soy adicto a sexo... no puedo parar... estoy todo el día pensando en la huevá"?

Perdón, pero de verdad me parece muy chistoso. Más divertido me resulta que un huevón (psiquiatra, psicólogo o lo que sea), avale científicamente que esta "enfermedad" existe. Más imbécil aún, que escriban sobre "la enfermedad" en los diarios y revistas... and even worse, que el público se compre esta idiotez.

Ya me imagino el diálogo: "Gorda, perdón, te puse el gorro con tu mejor amiga... es que no te lo había querido decir, pero tengo "la enfermedad"... la innombrable... soy adicto al sexo. Espero que me entiendas, no puedo dejar de pensar en potos y pechugas. Es algo que no controlo, va más allá de mí. Es terrible... ayúdame, estoy enfermo... muy enfermo".

Paremos el hueveo, por favor. En mi mundo básico, eso se llama ser un huevón o huevona enfermo de caliente. Y punto. Seamos honestos, ¿ya?

miércoles, marzo 31, 2010

El "Matri"

Hace un par de semanas fuimos invitados a un matrimonio. A estas alturas, ya pasamos a ser del grupo de "los viejos". Eso es cuando eres invitado de los padres y no de los novios. Evidentemente, por un tema de edad, ya somos más cercanos a los papás que a los hijos que se casan. La novia y sus amigas se veían tan jóvenes, que se me olvidó que alguna vez tuve veintitantos... y eso que yo me casé vieja, a los 29, para ser más exacta.

En todo caso, el evento me sirvió para hacer un update de las tendencias actuales y sacar algunas conclusiones.
1) La ropa: En casi el 100% de los casos, al ver a las mujeres, mi pregunta interna fue: ¿y nadie les dijo que se veían como el hoyo? ¿No tienen buenas amigas que les digan la verdad? ¿Ni siquiera la nana pudo evitar que su jefa saliera en esa facha? No lo digo por peladora, sino que de verdad no puedo creer que alguien piense que se ve bien disfrazada entre tanto vuelo, tanto brillo, tanta pluma, tanto género, tanto estampado, tanta huevá rara. La guinda de la torta: una señora de 60 años aprox., vestida con un traje amarillo intenso y furioso, que parecía la reina de las abejas obesas. Todo mal. Insisto: siempre hay que buscar cosas que le queden bien a la persona. Que un vestido sea bonito NO es sinónimo de verse bonita.

2) Pechugas y demases: De verdad, no critico en lo más mínimo las operaciones. Personalmente, yo no estoy dispuesta a hacerme nada... nicagando... pero respeto de todo corazón a que quien quiera se someta a pararse el poto, ponerse pechugas, eliminar guata y grasas varias, ponerse bótox, etc. Pero de ahí a ver cómo una tontita se paraba en la mitad de la sinagoga a mostrarle sus pechugas nuevas a todos sus amiguitos... encontré que era "como musho". Una rotería sin nombre.

3) Disonancia Cuerpo v/s Caras: Producto del punto dos, aconsejo a las amigas de la cirugía tener ojo y ponerse límites. Me pasó que vi a muchísimas mujeres regias de espalda, con cuerpo de 20 y, al darse vuelta, la cara se les veía de 40. Tiene que haber cierta proporción entre el cuerpo y la cara. Y no es que fueran feas o arrugadas; sino que sencillamente uno empieza a tener cara de "mujer adulta", rasgos de "mujer adulta" y cuerpo de pendex. Se ve ridículo, disonante, no combina. Se empieza a perder la dignidad y la prestancia... y eso es bueno conservarlo hasta la muerte.

4) Los vejetes y sus minitas: Lo más patético, sin duda, fue la gran cantidad de viejos (me imagino que separados o viudos), que estaban estrenando a sus "minitas" en sociedad. A esas alturas uno no se anda dando besitos en la boca (con lengua) con la señora... y menos si la señora se ve de 20 años menos. Los pobres se esforzaban al máximo bailando, dando unos pasitos sin ritmo y con exceso de saltos innecesarios, intentando impresionar a su nueva adquisición-polola. Mucho abrazo, mucho beso, mucha tocada de pierna y cintura. Se notaba que estaban en la etapa de "lo mejor de mí en cinco minutos", cuando todo es ideal y perfecto, cuando todo es risitas y la ternura -y calentura- desborda por los poros. Por favor, señor, mejor vaya al motel más cercano.

Fin del pelambre.

lunes, noviembre 16, 2009

Rodrigo

Hace algún tiempo mi marido (Rodrigo para todos, Bubi, Guatón o Gordo para mí), me cobró sentimientos. Me dijo que he escrito un post para cada uno de mis hijos, para mi abuelo, para mis papás… y para él, nada. Así que ahora, que amanecí inspirada, te voy a escribir a ti, querido esposo, amigo y compañero.

Si alguien me hubiera dicho que contigo iba a casarme, tener hijos, formar una linda familia y ser feliz, le habría dicho que está loco. De hecho, mi amigo Pancho Marco me decía: “algún día te vas a enamorar de él y te caerá el escupo en la cara”. Yo sólo me reía ante sus palabras. Pero el tiempo le dio la razón, y de un día para otro me vi pololeando con este hombre a quien yo veía tan serio, con su innegable cara de abogado, paseando de la mano.

Me acuerdo que todos nos miraban con cara de “¿y qué hace este par de huevones juntos?”. De hecho, hasta el día de hoy quienes no nos conocen deben pensar lo mismo. Efectivamente, nos vemos –y somos- tan distintos en nuestras formas, en nuestro modo, en cómo hablamos… Pero somos iguales por dentro, y eso es lo que nos ha unido de verdad. Los valores, las metas, los objetivos, lo transable e intransable son casi idénticos. Esa mula de que los polos opuestos se atraen no es más que un mal mito. Porque de verdad, para mí, lo que uno quiere y aspira en la vida -por lo menos en términos de matrimonio- es alguien similar y semejante en lo relevante. La diversidad es siempre bienvenida… pero para hacer pareja y familia se requiere estar de acuerdo. Si no, la huevá caga. Y tú eres mi clon, a mucha honra.

Así que Guatón, te digo ante el mundo entero, que te amo y admiro muchísimo. Si me preguntas por qué estoy contigo, te contesto que tu nobleza, bondad y don de gente merecen todo mi respeto. Eres generoso en todos los sentidos y acepciones de la palabra. Me gusta tu sentido del deber, del trabajo, de la responsabilidad, de cumplir con tu palabra. Te quiero porque sé que no traicionas, porque me respetas, porque contigo soy como soy, y no ando actuando ni poniendo caritas.

Contigo me entretengo y me río. Disfrutamos de las mismas cosas y nos aburren las mismas tonteras. Te encuentro MUY inteligente y estudioso. Cada uno a su manera, pero nos desvivimos por los niños, nuestros hermosos hijos, quienes tantas alegrías y satisfacciones nos han dado. Me has respetado en mis decisiones y siento que me quieres con todo tu corazón.

Por supuesto que hemos peleado, discutido y no hemos estado de acuerdo en muchas cosas. También sé que de ti jamás esperaré flores ni cartas (eso me lo dijiste el día uno de pololeo… gracias, qué amoroso), tampoco estoy esperando grandes declaraciones de amor, de palabras, de sentimientos. No, ése no eres tú… aunque no estaría mal que así fuera. No importa, tienes tus huevás como yo tengo las mías. Pero créeme que nada de eso importa, porque soy una mujer afortunada. Al final del día, sólo me queda agradecer la oportunidad que Dios nos dio de encontrarnos, elegirnos y querernos. Eres el mejor para mí y mis hijos. Nunca, jamás, alguien te querrá como yo lo hago.


Con esta declaración de amor, pasa por alto por favor todas mis cabronerías y mi eterna actitud de “boss”… son sólo formas. Te amo.

P.D.: Esta linda parejita debe su unión a cuatro auspiciadores: Jay Sherman ("The Critic"), Les Luthiers, Marillion y Donna Karan.

miércoles, septiembre 30, 2009

Mi Hijo Pollo

Ayer estuvo de cumpleaños el Nico, mi hijo del medio, a quien le hemos puesto un sinnúmero de nicknames:

- Koala: porque desde que nació estaba, literalmente, colgando arriba mío todo el día.
- Salchicha: por largo y flaco
- Tolueno: Aparentemente inofensivo, pero tóxico (¡¡¡es que tiene un humor!!!).
- Y ahora es el Pollo: por su apariencia y ternura, y porque inventamos una historia de que lo compré en el Jumbo and he hatched from an egg. Supuestamente las instrucciones decían que había que cuidar a este huevo y darle calor para que naciera durante unos minutos, pero una noche me quedé dormida con él durante horas, y recibió exceso de cariño y calor, y por eso nació tan exquisito y regalón.

En fin... a él le encanta escuchar ese cuento y a mí me gusta contárselo, porque el Nico es un ser muy especial. Te quiero decir algunas cosas, pollo lindo: eres de las personas más nobles y generosas de espíritu que he conocido. En tu vida no existe la envidia, ni la mala intención, ni la vergüenza.

Tú sólo te dedicas a ayudar, eres feliz con lo que tienes, generalmente te pones en el lugar de los demás y, raro a estas alturas, te enorgulleces de andar con tu madre y padre frente al mundo. Caminas con la cabeza en alto con nosotros de la mano, nos das besos y abrazos, y nos muestras como un trofeo frente a tus amigos. Ese es el regalo más lindo que nos puedes dar... gracias.

Me siento identificada contigo en muchas cosas. Ambos somos los hijos del medio y, de alguna forma, estar en el centro nos obliga a hacer un esfuerzo aún mayor para destacar. En tu caso, has destacado por tu tesón, inteligencia y entusiasmo. Te miro y me veo reflejada en lo catete e hinchadora. Pero aprendí que eso es un talento y no un defecto. Cuando crezcas, te darás cuenta que eso se transforma en motivación de logro... lo que te permite plantearte metas y objetivos, y alcanzarlos a punta de esfuerzo, esmero y dedicación. We never give up!

También me gusta tu humor negro, tu rapidez y astucia para ver y observar todo aquello que el resto de los mortales no ve. En eso también nos parecemos. ¿Te das cuenta que siempre comentamos las mismas tonteras y nos cagamos de la risa de cosas que nadie más percibió? Somos los reyes de fijarse en la estupidez, en la huevá y en la ridiculez... y eso sin duda es un don, porque nos permite vivir más felices, relajados, optimistas y positivos frente a la vida. Reírse de uno mismo y no tomarse todo tan en serio es bueno, muy bueno. La frase que más nos refleja es "ay, me haces tanto reír" (Club de la Comedia, Chilevisión).

Te admiro porque nadie te enseñó a leer, y un día apareciste leyendo en español e inglés... ¡¡y eras demasiado chico!! Te admiro porque un día amaneciste hablando inglés como loro. Te admiro porque no te rindes, por tu capacidad de entrega y de amar. Te admiro porque sabes quién eres y hacia dónde vas. Te admiro porque teniendo tantos talentos y habilidades no eres creído; al contrario, tu bajo perfil te hace aún más inmenso ante mis ojos y los del resto. Te admiro por el solo hecho de existir. Gracias por dejarme entrar a ese corazón de oro, pollo mío, y por esa sonrisa eterna que ilumina tu cara.

miércoles, junio 10, 2009

La Vieja de Halloween

Tengo la costumbre de acostarme todas las noches con mis hijos para hacerlos dormir, y me quedo cinco minutos con cada uno. Es un momento entretenido, donde aprovechamos de conversar sobre distintas cosas. Me piden que les relate cuentos, que leamos, me hacen preguntas... y últimamente me han solicitado que les cuente historias divertidas de cuando yo era chica.

Haciendo memoria, me empecé a reír sola con una historia de Halloween que tengo marcada en mi cabeza, que no he podido borrar nunca por lo humillante y poco digna. Pasó lo siguiente: yo estaba en 5° básico, así que tenía alrededor de 10 años. En esa época vivíamos en Colombia e iba a un colegio internacional, donde obviamente celebrábamos Halloween. Era todo un hito ir con un disfraz cool, bonito y entretenido.

Recuerdo haberle dicho a mi mamá que no tenía disfraz... y que por lo tanto necesitaba uno. Ella me dijo que no pensaba comprarme un disfraz para usarlo un día, así que me propuso ponernos creativas y buscar algo en la casa. Yo la miré con cara de "búscame tú algo porque a mí no se me ocurre nada". Al otro día, tan sólo uno antes de Halloween, volví donde mi mamá para que me diera una respuesta satisfactoria... y sus palabras me dejaron congelada: "te disfrazarás de abuelita". Entré en pánico y me puse a llorar. La sola idea de ir vestida como vieja de mierda no me motivaba... obvio, cómo me iba a motivar aparentar 80 años cuando sólo tenía 10.


Mis lágrimas no conmovieron a nadie, y al otro día me pusieron una falda hasta el suelo, zapatos bajos y redondos, un chal negro de lana y una peluca de pelo corto y escarmenado, que mi mamá tuvo la delicadeza de llenar de talco para aparentar canas. ¡¡HORROR!! Me veía como las huevas, aunque parecía una vieja de verdad.

Llegué al colegio y todas mis compañeras estaban de princesas, reinas, Barbies, etc.... y yo...bueno, yo era sin duda la más fea... y vieja.

Mis hijos no paraban de reírse y no podían creer lo que me había hecho mi mamá. Yo también estallé en una carcajada, de sólo recordar la humillación que sentí. Ahora me lo tomo con humor, pero debo reconocer que fue una mariconada. Yo lo le haría eso a mis hijos... ¡¡jamás!!